mar 15a. Ordinario año Par (Id=477)

Antífona de Entrada

Señor, yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio y cantaré al señor por el bien que me ha hecho.

[Misa]

Oración Colecta

Oremos:
Dios todopoderoso y eterno: concede a tu pueblo que la meditación asidua de tu doctrina le enseñe a cumplir de palabra y de obra, lo que a ti te complace.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

Si ustedes no creen en mí, irán a la ruina

Lectura del libro del profeta Isaías
7, 1-9

Cuando reinaba en Judá Ajaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías, subieron a atacar Jerusalén el rey de Siria, Rasín, y el rey de Israel, Pécaj, hijo de Romelías, aunque no lograron conquistarla. Comunicaron al heredero de David: "Los sirios acampan en Efraín".
Temblaron el rey y su pueblo, tal como tiemblan los árboles del bosque sacudidos por el viento. El Señor dijo a Isaías:
"Ve con tu hijo Sear Yasub al encuentro de Ajaz. Cuando te encuentres con él al final del canal de la cisterna de arriba, junto al camino del campo del teñidor, dile: Ten cuidado, pero permanece tranquilo. No tengas miedo, ni te acobardes ante estos dos carbones humeantes (ante la ira ardiente de Rasín el sirio, y del hijo de Romelías). Cierto que Siria y Efraín, con el hijo de Romelías al frente, han tramado tu ruina diciendo: "Subamos contra Judá, se asustará de nosotros, la conquistaremos y pondremos por rey al hijo de Tabel". Pero esto dice el Señor Dios:
Eso no pasará, no se llevará a cabo: la capital de Siria es Damasco y a la cabeza de Damasco está Rasín; la capital de Efraín es Samaria y a la cabeza de Samaria está el hijo de Romelías. Dentro de sesenta y cinco años, Efraín será aniquilado, y dejará de ser pueblo. Si no confían en mí no subsistirán".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 47, 2-3a.3b-4.5-6.7-8

Dios es nuestro defensor.

Grande es el Señor y digno de toda alabanza, en la ciudad de nuestro Dios, en su santo monte. Altura hermosa, alegría de toda la tierra.
Dios es nuestro defensor.

El monte Sión, morada de Dios, la capital del gran rey. Entre sus palacios, Dios se manifiesta como segura defensa.
Dios es nuestro defensor.

Los reyes que se habían aliado y avanzaban juntos, apenas lo vieron, quedaron asombrados y huyeron despavoridos.
Dios es nuestro defensor.

Allí se apoderó de ellos el temblor, dolores como de una mujer cuando va a dar a luz, como cuando el viento del desierto destruye los barcos de Tarsis.
Dios es nuestro defensor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Hagámosle caso al Señor, que nos dice: "No endurezcan su corazón".
Aleluya.

Evangelio

El día del juicio será menos riguroso para Tiro, Sidón y Sodoma que para otras ciudades

† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
11, 20-24

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús se puso a reprender a las ciudades en las que había hecho la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido:
"¡Hay de ti, Corozaín! ¡Hay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados en ustedes, hace tiempo que, vestidas de penitencia y sentadas sobre ceniza, se habrían convertido. Por eso les digo que el día del juicio será más tolerable para Tiro y Sidón que para ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿te elevarás hasta el cielo? ¡Hasta el abismo te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros realizados en ti, hoy seguiría en pie. Por eso les digo que el día del juicio será más llevadero para Sodoma que para ti".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Esta ofrenda, Señor, nos atraiga siempre tu bendición salvadora, para que se cumpla por tu poder lo que celebramos en estos misterios.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

Cristo, huésped y peregrino en medio de nosotros

En verdad es justo darte gracias, Señor, Padre santo, Dios de la alianza y de la paz. Porque tú llamaste a Abrahán y le mandaste salir de su tierra, para constituirlo padre de todas las naciones. Tú suscitaste a Moisés para librar a tu pueblo y guiarlo a la tierra de promisión.
Tú, en la etapa final de la historia, has enviado a tu Hijo, como huésped y peregrino en medio de nosotros, para redimirnos del pecado y de la muerte; y has derramado el Espíritu, para hacer de todas las naciones un solo pueblo nuevo, que tiene como meta tu reino; como estado, la libertad de tus hijos; y como ley, el precepto del amor.
Por estos dones de tu benevolencia, unidos a los ángeles y a los santos, cantamos con gozo el himno de tu gloria:
[Misa]

Antífona de la Comunión

Proclamo todas tus maravillas, me alegro contigo y entono salmos en honor de tu nombre, ¡oh Altísimo!

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Saciados con el pan del cielo, te pedimos, Señor, que el amor con que nos alimentas fortalezca nuestros corazones y nos mueva a servirte en nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

[Misa]

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